Anne Sexton

Seguimos con otra poeta también contemporánea y amiga de Sylvia Plath. Me refiero a Anne Sexton. Otra Criatura Salvaje transgresora, que revolucionó en su época la manera de expresión poética, una pasión que no nació tempranamente como pasó con Sylvia Plath, sino rondando su treintena. Hasta entonces, Anne, hija de un mercader acaudalado y alcohólico y una madre que no le prestaba la suficiente atención, tuvo en su cabeza la idea burguesa del matrimonio y el tener hijos como único paradigma de vida:

Hasta los veintiocho años tuve una especie de negación de mí misma, no sabía que podía hacer otra cosa que salsa blanca y cambiar pañales. No sabía que tenía alguna habilidad creativa. Era una víctima del Sueño Americano, la burguesía, la clase media de ensueño. Todo lo que quería era un pedazo de vida, estar casada, tener hijos…Pero una no se puede construir pequeños cercos blancos para evitar las pesadillas. La superficie crujió a los veintiocho.

Todo ese ambiente, tarde o temprano haría surgir la voz rebelde de Anne Sexton, que sería plasmada a través de una poesía que fue uno de los comienzos más significativos de la lucha de la libertad de la mujer, para poder contar al mundo la pasión que subyace al género femenino, acallada hasta entonces por una rígida sociedad. Una sociedad que desafortunadamente todavía hoy sigue influyendo en el día a día de la mujer.

 

De esas

 

He salido, bruja posesa,
persiguiendo el aire oscuro, más valiente de noche;
soñando malvada, he prestado mis servicios
por los hogares comunes, de luz a luz:
una mujer así no es una mujer, realmente.
He sido de esas.

He encontrado las tibias grutas de los bosques,
llenándolas de sartenes, grabados, estantes,
armarios, sedas, innumerables objetos;
preparado cenas para los gusanos y elfos:
lloriqueando, reorganizando el desacuerdo.
Una mujer así es incomprendida.
He sido de esas.

He cabalgado en tu carretilla, conductora,
saludado con mis desnudos brazos a los pueblos por donde pasaba,
aprendiendo los últimos brillantes caminos, superviviente
ahí donde tu fuego aún me muerde el muslo
y mis costillas crujen donde tu revolotear serpentea.
Una mujer así no se avergüenza de morir.
He sido de esas.

 

 

 

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